Yo sonrío, la felicidad viene después

La dualidad cuerpo – mente cartesiana queda obsoleta, aunque a veces tendamos a subestimar, quizá por desconocimiento, la interdependencia de ambos conceptos. Darwin fue uno de los primeros en sugerir la reciprocidad en la relación cuerpo y mente y entre la emoción y la expresión fisiológica de la misma.

El estudio realizado por Fritz Strack en 1988 encontró que agarrar con la boca de distinta manera un lápiz provocaba un patrón de activación muscular distinto. Concretamente, al sujetar el lápiz solo con los dientes se forzaba una postura semejante a una sonrisa, mientras que sostener el lápiz con los labios, fruncía los labios. Se les mostraba imágenes cómicas a los sujetos, que eran evaluadas como más divertidas cuando los participantes estaban emulando una sonrisa. Resumiendo, si mi boca sonríe, el cerebro interpreta que estoy contenta.

Según algunas teorías, tendemos a recordar aquellos eventos coherentes con nuestro estado de ánimo, y a interpretar la realidad que nos rodea de forma afín a nuestro estado afectivo. Es un círculo retroalimentativo, por el que se tiende a perpetuar la emoción.

Así que ya sabéis. A sonreír, aunque sea sin ganas.

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.

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