¿Problemas de sueño?

Si tienes insomnio, problemas para conciliar el sueño, para mantenerlo o para despertar, si tienes la sensación de que tu sueño no es suficientemente reparador, si tu ritmo natural no es del todo compatible con las actividades durante el día, estás en el sitio adecuado.

Si lo que quieres es conocerte más, aprender a descansar, comprender tus hábitos y poder cambiarlos, así como mejorar tu descanso con técnicas para optimizar tu sueño y tu funcionamiento en general, has acertado entrando aquí.

Te doy la bienvenida.

Conoce tu sueño, los factores que le afectan y aprende a mejorarlo. Los artículos, consejos y pautas contenidos en esta web te ayudarán a conseguirlo. Y si tienes alguna duda específica o crees que puedo ayudarte de un modo más directo y personal, puedes contactar conmigo.

No dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.

Cantidad o calidad

A veces pudiera parecer que tiro piedras a mi propio tejado. Y es que en la consulta insisto en desmitificar uno de los errores que pueden perpetuar un episodio de insomnio. La cantidad de sueño.

No voy a decir que no hace falta un mínimo de horas para estar descansado. Sería una falacia. Pero sí digo que pasar 8 horas en la cama en un sueño superficial no nos hará sentir bien. ¿Qué es mejor cantidad o calidad?.

Por supuesto, hay que estudiar las necesidades y circunstancias de cada individuo, sin embargo, me atrevo a decir que superando un mínimo (sobre el cual aún no se ha llegado a un acuerdo total y además depende de la edad de la persona), lo importante es la calidad del sueño.

Habréis escuchado alguna vez esto de “pues yo con 5 horas estoy estupendamente”, y quizá conoceréis también, incluso en vuestras propias carnes, aquello de “pues yo paso en la cama 8 horas y me levanto con la sensación de no haber descansado”.

Repito, no digo que no haga falta un mínimo de tiempo. Lo que destaco es que, además, hace falta que ese tiempo sea de calidad. Si vamos a dormir, que nuestra mente y nuestro cuerpo (haciendo aquí una distinción artificial) busquen solo el sueño, y no soluciones, entretenimiento ni conexión.

Como decía la poetisa Safo: …de noche el negro sueño a nuestros ojos…

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.

 

 

Momentos

Por regla general, en nuestro día a día, hemos de ser productivos, rentables, fructíferos. Nuestra mente y nuestro cuerpo funcionan casi todo el tiempo en modo alerta, con el sistema nervioso simpático activo, que, como he comentado en otras entradas, nos prepara para la acción. Como resultado vivimos prácticamente con el mismo nivel de actividad, a veces, incluso en sueños. Y eso agota.

Las vacaciones son un invento relativamente nuevo, vinculado al sistema capitalista y localizado en el tiempo, y muchas veces en el espacio. Durante este intervalo muchas personas desconectan de su realidad diaria, cambian de rutina o/y realizan actividades que no hacen normalmente.

Aún sabiendo que hay una clara diferencia entre el período vacacional y el resto del año, creo que sería saludable incluir momentos vacacionales en cada uno de nuestros días.

Un momento de no hacer nada, o hacer algo que nos gusta, descansar 3 minutos, admirar el paisaje (aunque sea el habitual, nunca es el mismo cielo, la misma luz, ni la misma gente), y por qué no, deleitarnos en lo que considerarnos inútil, frecuentemente bello y necesario.

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.

El cerebro no duerme

El magnífico profesor y pedagogo hispanorromano Marco Fabio Quintiliano ya se percató en el siglo I d. C de que el sueño más que favorecer el olvido reforzaba la memoria. Hizo además otras observaciones interesantes, como que la capacidad de aprender es universal, y el desarrollo de la misma depende de las habilidades del maestro y de su maña en conocer a sus alumnos y adaptarse a ellos.

Centrándonos en el sueño, podemos afirmar que Quintiliano con esta mejora del aprendizaje tras una noche de sueño se refería a la consolidación de la memoria. Este proceso tiene lugar mayormente a lo largo del sueño, y convierte  las nuevas trazas de memoria, inestables y frágiles, en recuerdos duraderos y resistentes a interferencias.

Esta estabilización de la memoria se ha demostrado en todos los tipos de información a recordar, y la música no es una excepción.

En un estudio realizado con material musical, demostraron que el recuerdo de dos secuencias de notas similares se interferían entre sí si no había una noche de sueño por en medio (Allen, 2013). Es decir, si aprendemos la melodía A y nos vamos a dormir, al día siguiente da igual que aprenda una melodía B semejante a A, porque esta ya estará consolidada y no habrá interferencia. Sin embargo, si aprendo A y B antes de dormir, al día siguiente la memoria de ambas se verá perjudicada.

Saquen conclusiones. Podemos aprender a aprender.

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.

Para saber más:

Allen, S. E. (2013). Memory stabilization and enhancement following music practice. Psychology of Music, 41(6), 794-803.

Yo sonrío, la felicidad viene después

La dualidad cuerpo – mente cartesiana queda obsoleta, aunque a veces tendamos a subestimar, quizá por desconocimiento, la interdependencia de ambos conceptos. Darwin fue uno de los primeros en sugerir la reciprocidad en la relación cuerpo y mente y entre la emoción y la expresión fisiológica de la misma.

El estudio realizado por Fritz Strack en 1988 encontró que agarrar con la boca de distinta manera un lápiz provocaba un patrón de activación muscular distinto. Concretamente, al sujetar el lápiz solo con los dientes se forzaba una postura semejante a una sonrisa, mientras que sostener el lápiz con los labios, fruncía los labios. Se les mostraba imágenes cómicas a los sujetos, que eran evaluadas como más divertidas cuando los participantes estaban emulando una sonrisa. Resumiendo, si mi boca sonríe, el cerebro interpreta que estoy contenta.

Según algunas teorías, tendemos a recordar aquellos eventos coherentes con nuestro estado de ánimo, y a interpretar la realidad que nos rodea de forma afín a nuestro estado afectivo. Es un círculo retroalimentativo, por el que se tiende a perpetuar la emoción.

Así que ya sabéis. A sonreír, aunque sea sin ganas.

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte.