Dormir para recordar… y para olvidar

Muchas de las palabras relacionadas con el sueño empiezan por hipno o somno, haciendo alusión a las personificaciones del sueño en la mitología griega y romana, respectivamente. Hipnos era hijo de Nix, la noche, y hermano de Tánatos, la muerte sin violencia, y según algunas versiones vivía bajo el río del olvido. Durante mucho tiempo imperó la idea de que el sueño era una especie de muerte diaria, un vacío temporal. Sin embargo, ya hubo algún iluminado, como Marco Fabio Quintiliano, que en el siglo I d. C.  sostenía que durante el sueño sí ocurrían cosas, ya que observó que sus alumnos recordaban mejor sus lecciones tras una noche de sueño.

Y es que el sueño favorece, sin duda, la memoria. Durante el sueño se integra la nueva información con nuestro bagaje de conocimientos, de manera que se hace estable y resistente a interferencias. Este proceso se llama consolidación, y si queréis saber más sobre el tema podéis acudir a un gran número de publicaciones al respecto, mi tesis doctoral, por ejemplo (si hay alguna persona interesada solo tiene que pedírmelo, aunque está libre en internet).

Pero hay muchos otros procesos cognitivos relacionados con el sueño. Si es importante recordar es igual de importante olvidar, y durante el sueño se da una selección sináptica, de modo que permanecen las conexiones con más peso en detrimento de las más débiles.

En la próxima entrada hablaré de otros procesos que se dan de manera optimizada o incluso exclusivamente durante el sueño. Como conclusión para esta ocasión, decir que dormir lo necesario para cada persona y de manera reconfortante, ayuda al aprendizaje de cualquier materia. Patinar, tocar un instrumento, aprender la tabla periódica o a multiplicar, será mucho más fácil habiendo descansado, por no decir que en algunos casos es casi imprescindible.

Y sobre todo, no dejes de perseguir tu sueño.
El mío es ayudarte

 

 

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